domingo, 22 de febrero de 2015

JOTTS. Objetos que aparecen y desaparecen misteriosamente.


El fenómeno nos ha ocurrido a casi todos: dejar un objeto en un lugar durante un corto espacio de tiempo, ir a recogerlo y no encontrarlo para, tiempo después, hallarlo allí mismo o en el sitio mas insospechado. Este tipo de sucesos ya tiene un nombre en parapsicología: JOTTS, fenómenos anómalos, en ocasiones absurdos, que no tienen explicación.




¿Ha tenido la experiencia de perder algo que luego ha reaparecido misteriosamente en otro lugar inusual sin que pueda explicar cómo llegó hasta allí? No se preocupe, no padece usted ningún tipo de demencia ni trastorno de la memoria. Lo que pasa es que “Usted ha sido jottleado”, tal y como reza un anuncio aparecido en la publicación británica The Paranormal Review que busca testimonios de personas que hayan tenido experiencias de este tipo que, no por cotidianas, dejan de parecer “paranormales”.
La parapsicóloga e historiadora Mary Rose Barrington, actual vicepresidenta de la Society for Psychical Research de Londres, ha introducido un nuevo término en el vocabulario parapsicológico que ha tenido una enorme repercusión: jottled. Procede de las siglas JOTT (Just One of Those Things) y, según esta experta, describe fenómenos raros, incluso absurdos, que no se ajustan a ningún modelo explicativo.

Veamos una experiencia típica. Usted está a punto de salir de su casa por la mañana y deja su reloj (o las llaves, las gafas o la tarjeta de crédito) sobre la mesa del recibidor, como hace siempre. Va un momento al baño, pero cuando regresa el reloj (las llaves, las gafas o la tarjeta) ha desaparecido. Usted sabe perfectamente que lo ha colocado sobre esa mesa, incluso recuerda la forma que ha adquirido al ser depositado. Además, está solo en casa y nadie ha entrado ni salido en ese intervalo. Pero, como debe marcharse, deja la resolución del problema para después. Por la tarde, nada más llegar a casa se dedica a buscar el reloj perdido. Busca y busca y, cuando está a punto de renunciar a su intento, usted mismo (o su esposa, o su hija) lo encuentra… en la chaqueta que estaba colgada en el ropero, una prenda que no usaba desde hacía mucho tiempo.
¿Cómo ha llegado el reloj hasta allí?
Aunque parezca cosa de magia, lo cierto es que este tipo de experiencias es mucho más común de lo que creemos.








Teleportación

Mary Rose Barrington, que ha reunido y clasificado numerosos tipos de jotts , explica que el más frecuente es aquel en el que se producen desplazamientos de objetos que pueden ser atribuidos a una especie de “teleportación”.

La investigadora relata una de sus propias experiencias:
“Estando de viaje por Inglaterra y Escocia pasé una semana en Findhorn, donde compré un anillo que me puse en el dedo derecho. Me estaba ajustado, pero no me apretaba y tampoco se salía con facilidad. Fui a Londres, donde me quedaba en casa de unos amigos, y varios días después me desplacé a París para conocer a Tom, el hombre que más tarde se convertiría en mi esposo (ahora estamos divorciados).

Nos habíamos conocido seis meses antes y yo ‘sabía’ que nos íbamos a casar. Cuando regresé a Londres, varios días después, encontré el anillo sobre la cómoda de mi habitación. Le conté a mi amiga que aparentemente lo había perdido, pero ella me dijo que lo había encontrado en el suelo, en medio de la habitación, poco después de mi marcha”. “De regreso en Estados Unidos, Tom y yo fuimos una tarde a la feria estatal de Maryland. Yo tenía puesto el anillo. Pero, una vez más, de repente noté que me faltaba. Insistí en volver sobre nuestros pasos pero, por supuesto, no lo encontré. Sin embargo, cuando llegué a casa el anillo cayó desde el interior de una de las perneras de mis jeans, a pesar de que mientras estábamos en la feria había revisado toda mi ropa.

Después ya no tuve ningún otro percance con él. Pero esas desapariciones fueron un rompecabezas para el cual nunca tuve una explicación”. ¿Pueden ser los jotts un efecto de la teleportación?

Teóricamente, la teleportación permite que un objeto desaparezca de un lugar y aparezca en otro. Pero este fenómeno es imposible desde el punto de vista de la física cuántica, ya que viola el principio de incertidumbre de Heisenberg.


Técnicamente hablando, la teleportación es la reconstrucción de una copia exacta de un objeto original. Pero, según el principio de incertidumbre, el simple acto de observar un objeto lo perturba e impide que sea una réplica perfecta: se produce lo que los científicos cuánticos llaman “colapso”. En 1993, la ciencia demostró que la teleportación perfecta es posible en principio, pero solo si se destruye el original. Sin embargo, todo esto ha cambiado hace pocos años.
En 1997, un equipo de científicos de Austria y Dinamarca lograron teleportar con éxito fotones sin destruir los originales. Otro gran paso se produjo en 1998, cuando un grupo de físicos del Instituto Tecnológico de California (CIT) realizó la primera teleportación cuántica con un alto grado de fidelidad. El equipo del CIT teleportó luz condensada a un metro de distancia. Más adelante, en junio del 2002, científicos australianos teleportaron con éxito un rayo láser.

Estos avances tienen tremendas implicaciones para las nuevas tecnologías de las telecomunicaciones, pero nadie sabe todavía cómo aplicar la teleportación a materiales que tienen masa (los fotones no la tienen). Sin embargo, probablemente es solo cuestión de tiempo que podamos dar el “salto cuántico” y la teleportación controlada de objetos con masa se convierta en una realidad. “Mientras tanto –dice Mary Rose Barrington–, todavía tenemos fenómenos como los jotts, que parecen ser casos de teleportación que desafían toda explicación”.

Consideremos, por ejemplo, los casos de aportes –objetos supuestamente materializados o transportados a lugares distantes a través de la intervención de espíritus– protagonizados por los médiums del siglo XIX (ver Monográfico de MÁS ALLÁ nº56: ¿Podemos hablar con los muertos?). La antigua literatura espiritista es rica en relatos sobre extraños objetos –en ocasiones flores frescas e incluso animales vivos– surgidos aparentemente como de la nada en el transcurso de las séances. Más recientemente, personajes como Sai Baba en la India se han hecho famosos por sus aportes y materializaciones. Sai Baba asegura que él mismo teleporta algunos objetos a grandes distancias. Y en algunos poltergeists también se producen aportes.

El papel de las emociones

“Es posible que exista un tipo de teleportación desconocido para la ciencia”, comenta Barrington, quien añade una nueva variable a esta ecuación. Se trata del estado emocional del sujeto, que, según ella, puede jugar un papel importante en el fenómeno. “La intensidad de la emoción puede ejercer una fuerza que interactúe de algún modo con las propiedades del tiempo y el espacio”, explica. Y nos propone su propio caso como ejemplo: “Yo no tenía un gran apego a mi anillo cuando desapareció, pero sí estaba en un estado alterado por el impacto emocional de mi relación con Tom. La pregunta es: ¿por qué este anillo en particular? No era el único que llevaba; quizá cargué algo de mi intensa energía emocional en él”.

Una opinión que comparte el conocido psíquico Alan Vaughan, quien coincide con Barrington en que esa emoción intensa pudo haber jugado un papel importante en su experiencia. De hecho, la implicación emocional también es parte del ritual mágico que consiste en proyectar una energía mental capaz de provocar algún tipo de manifestación física.

Así, en algunos casos de jotts, un gran disgusto o una frustración provocados por una pérdida pueden influir en el retorno del objeto “extraviado”. Y, según algunas investigaciones, hay también otros estados de ánimo que pueden tener cierta relación con los jotts, como pone de relieve el hecho de que las personas que dedican mucho tiempo a las actividades creativas, la sanación y la meditación sean más propensas a protagonizar este tipo de experiencias.



Mary Rose Barrington no es la única investigadora que ha profundizado en esta cuesión. El parapsicólogo australiano Michael Thalbourne también se ha ocupado del fenómeno, al igual que el doctor Maurice Grosse, conocido investigador de poltergeists en Reino Unido.

Algunos de los casos recogidos por Thalbourne resultan sorprendentes, como el de Rod T., que le relató la siguiente experiencia: “Hace años vivía en una pequeña roulotte. Una noche tuve que salir a coger algo del almacén. Busqué mi billetera antes de salir y me di cuenta de que me faltaba. Revisé la roulotte durante casi una hora. Para entonces ya casi sentía pánico, pues mis salarios de las dos semanas siguientes estaban en esa billetera. Yo sabía que tenía que estar en casa, así que salir a buscarla fuera me parecía demasiado. ¡Pero lo hice! Cuando volví dentro seguí buscando. Revisé de nuevo la sala de estar y la cocina y mientras regresaba a la sala miré hacia la cocina y vi allí, en el suelo, frente a la nevera, mi billetera. Me quedé pasmado. De ninguna manera podía haber pasado por alto esa billetera situada ahí: habría sido la primera cosa que mis ojos habrían visto al volver a la cocina”. “En los últimos años mis gafas, mis llaves y dos libros desaparecieron en mi casa y aparecieron en lugares raros”, relata Amy S., una de las personas entrevistadas por Barrington.

“Cuando me quito las gafas, normalmente las pongo al lado de mi ordenador, pero una vez, cuando volví para cogerlas, habían desaparecido. Las encontré días después encima del refrigerador.
Yo solía atribuir estas desapariciones a las travesuras de mi hijo de catorce años, pero ahora tengo serias dudas al respecto”.

Y, finalmente, estas son dos extrañas experiencias de Martha G.: “Una vez, hace más o menos ocho años, saqué a mi perro y fui al almacén. Yo vivo sola, así que estoy segura de que me metí las llaves de casa en el bolsillo de la chaqueta. Mientras regresaba, ¡no pude encontrar mis llaves! Por suerte tenía otro juego oculto fuera, así que pude entrar. Revolví toda la casa buscando las llaves, pero no las encontré. Incluso volví sobre mis pasos hasta el almacén, pero nada.

Un par de días después, las llaves reaparecieron sobre la mesa de café, un lugar en el que, obviamente, yo había buscado antes. En otra ocasión perdí una pieza de azurita que usaba durante mis meditaciones. No pude encontrarla durante algún tiempo. Pero un día, cuando estaba volviendo a casa, la vi en el suelo, justo frente a la puerta”.

¿Alucinación negativa?

¿Puede un jott ser interpretado como una experiencia de alucinación negativa? A diferencia de lo que ocurre con una alucinación normal, en la que el individuo percibe un objeto que no existe en la realidad objetiva, la alucinación negativa consiste en no ver un objeto que sí está presente. Esta es la explicación que propone Charles McCreery al fenómeno de los jotts.

“El objeto está realmente presente –dice–, pero el individuo no tiene consciencia de él”. Las alucinaciones negativas pueden producirse incluso en el transcurso de una sesión de hipnosis. Puede darse el caso de solicitar al sujeto sometido a hipnosis que no vea un determinado objeto que está en la habitación, una silla, por ejemplo, y que responda como si el mueble no estuviese allí. Pero cuando se le pide que camine por la habitación, rodea la silla y evita cualquier contacto físico con ella. En algunos casos, por lo tanto, parece que hay una disyunción entre lo verbal y la conducta motora. La interpretación de Bernheim es que “en algún punto hay conciencia de la silla”.

Una disociación similar entre la conducta motora y la verbal se observa en el fenómeno de blindsight, en función del cual un individuo que afirma que no puede ver nada puede actuar como si estuviese procesando cierta información. De hecho, el sujeto puede desenvolverse mejor cuando está forzado a adivinar si el estímulo está o no presente en el escotoma (el área ciega) de su campo visual, y puede sorprender con el resultado, sobre todo si al principio se comentó que era una tarea imposible.

Trastornos disociativos

“Hace dos años rompí la correa de mi reloj mientras colgaba una cortina –relata Christopher Wallis, cuyas experiencias jotts han sido analizadas por Barrington–. Entonces dejé el reloj en un estantería y fui a la cocina un momento. Cuando volví el reloj se había esfumado. No lo volví a ver desde entonces. Unos meses después, subí un libro de la biblioteca al dormitorio. Cuando me retiré, momentos después, había desaparecido y finalmente me vi obligado a comprar otro libro. En otra ocasión, puse uno de mis jerseys predilectos en el armario del dormitorio, pero también se esfumó, junto a una chaqueta”. “Estos son los incidentes más recientes –continúa Wallis–. Con el correr de los años he perdido, entre otras cosas, dos teteras chinas, una pintura sin enmarcar y una miniatura de mi abuela. Ninguna de estas cosas tenía un gran valor, pero todas se esfumaron sin dejar rastro y no pudieron haber sido robadas”. Pero no es probable que un problema perceptual sea la única explicación de las experiencias jotts.

De hecho, en algunos casos la disociación puede jugar también un papel en este fenómeno. La disociación se entiende como una ruptura de las funciones de la consciencia, que normalmente están relacionadas con la memoria, la identidad y la percepción del entorno. Por ejemplo, una forma no patológica de amnesia disociativa puede ser encontrar entre las pertenencias propias objetos nuevos que no recordamos haber comprado, así como no saber de qué conocemos a alguien que nos saluda. Hay también casos patológicos, como no saber cómo se ha llegado a un lugar determinado o encontrarse vestido con una ropa que uno no recuerda haberse puesto.

A menudo los jotts también pueden atribuirse a accidentes domésticos, bromas de otras personas, descuidos, desplazamientos en la evocación de un recuerdo (por ejemplo, determinada conducta habitual y repetitiva puede fijar en la memoria un falso recuerdo que se asocia automáticamente a la última vez que fue visto el objeto, cuando en realidad este se dejó en otro lugar) e incluso a explicaciones fantásticas, tales como “duendecillos” a quienes se atribuye el movimiento de los objetos. Pero, cualesquiera que sean las interpretaciones –incluidos un fallo en la percepción, una leve amnesia disociativa o una alucinación negativa–, lo cierto es que el fenómeno está escasamente investigado en psicología.

Para finalizar, Barrington alude a otra curiosa experiencia del señor Wallis. “Un domingo por la tarde –recuerda el propio Wallis– caminé hasta el parque de mi barrio acompañado por un amigo. Era un día nublado, pero con un poco de sol. De regreso a casa oímos un sonido parecido al de la nieve desprendiéndose del techo de la vivienda delante de la que estábamos pasando. Vimos un trozo de hielo blando en el suelo y luego cruzamos la calle para observar mejor el techo, pero no pudimos ver nada. Después, lo que parecía ser un gran trozo de nieve me golpeó en la parte de arriba de los muslos y me empapapó ambas piernas. Continuamos caminando y otro pedazo enorme me golpeó en un lado de la cara, empapando mi chaqueta y mi camisa. Mi amigo dijo que parecía haber salido de ninguna parte. A esa altura yo ya estaba calado hasta los huesos y bastante asustado, pero por suerte mi casa estaba cerca y entramos corriendo. Nunca logré explicarme qué había ocurrido”. Barrington asegura que no hay teoría alguna capaz de explicar sucesos como este.

“Si Wallis no hubiera tenido un amigo como apoyo, su experiencia habría sido difícil de creer, a pesar de la ropa empapada”. “Sentí –añade Wallis– que había sido usado como una especie de blanco, con bolas de nieve apareciendo de la nada y lanzadas con precisión”. Esta y otras experiencias jotts, tan habituales para muchas personas, exigen un mejor análisis de los mecanismos que las provocan, de tal forma que nos ayuden a comprender cómo y por qué operan, para formular un modelo teórico que contribuya a explicarlas.

JOTTS, varias clases diferentes

La parapsicóloga e historiadora Mary Rose Barrington ha creado una clasificación de los jotts. Es la siguiente:

Paseador:
Cuando un objeto desaparece de un lugar conocido y luego aparece en otro sitio inusual sin que se pueda explicar cómo llegó allí.

Retornador:
Es una variante del anterior. Un objeto desaparece de un lugar conocido y luego –a veces minutos y, en ocasiones, años depués– reaparece misteriosamente en el mismo lugar.

Volador:
Un objeto desaparece de un lugar conocido y nunca reaparece. El jott volador puede ser la etapa 1 de un jott paseador con un período de desaparición excepcionalmente largo.

Aparecido:
Un objeto conocido para el observador que está en un lugar no habitual regresa a su emplazamiento normal. Parece ser la etapa 2 de un jott paseador.
Grabados, zapatos, postales navideñas…

Los ejemplos que exponemos a continuación forman parte de los casos reunidos por el parapsicólogo australiano Michael Thalbourne para ilustrar el fenómeno de los jotts.

José María T., restaurador de obras de arte en un museo de Buenos Aires, relata así lo que le ocurrió: “Unos seis meses más tarde encontré dos grabados pequeños en el bolsillo de una cazadora que yo rara vez usaba y guardaba en un ropero de arriba. Pero esos grabados eran parte de un juego que estaba ensobrado y guardado en una caja de mi despacho esperando a ser enmarcado”. José María recuerda que en aquella misma época tenía que dar una conferencia y llevó consigo los grabados, entre otras piezas, para ilustrarla. “Como eran pequeños, fui cuidadoso y anoté dónde los había puesto, junto a numerosas piezas más grandes”.

Cuando llegó a la sala de conferencias los objetos se repartieron en dos mesas, pero las miniaturas no aparecieron por ninguna parte. Después de la conferencia, José María y sus ayudantes revisaron todo cuidadosamente. Pero fue en vano. Inesperadamente, los grabados reaparecieron un año después.
Casualmente un libro de bolsillo de la estantería de mi despacho, ¡cayó el sobre con los grabados intactos! Nadie sabe cuánto tiempo estuvieron ahí, pero lo extraño es que yo le había prestado el libro a un amigo meses antes y su esposa me lo había devuelto cuando asistió a la conferencia, aunque no nos dimos cuenta hasta después de que los grabados habían desaparecido”, explica José María.


Michael Thalbourne también refiere otro caso protagonizado por un matrimonio que acostumbraba a pasear a su perro por un boque cercano al que solían ir en coche. Un día de lluvia, cuando llegaron al bosque decidieron cambiar su calzado normal por unas botas para la lluvia y dejar sus zapatos en el maletero. Sin embargo, cuando regresaron a casa y abrieron la puerta del maletero comprobaron, sorprendidos, que los zapatos de la mujer habían desaparecido. A la mañana siguiente, cuando el marido entró en el garage a primera hora, observó incrédulo que el par de zapatos había reaparecido como por arte de magia.

“¡Ahí estaban –recuerda–, posados pulcramente, uno lado del otro, sobre el capó del coche!”.
El caso de C. F. es también muy curioso. A principios de noviembre de 2007 su esposa fue a buscar a la cómoda unas tarjetas navideñas que habían guardado en el cajón de siempre. Pero no estaban por ninguna parte. Ambos estuvieron buscándolas durante horas sin resultado, hasta que decidieron preparar de nuevo todos los sobres a mano. Un mes más tarde C. F. encontró en el mismo cajón –y muy a la vista– la carpeta con todas las tarjetas presuntamente desaparecidas. “Estoy empezando a preguntarme si mi billetera y la cartera de mi esposa están seguras. ¿Y cómo explico a una compañía de seguros este tipo de pérdidas?”, dice C. F.

El experimento

“¿Ha tenido la experiencia de haber dejado un objeto (por ejemplo, un llavero o un reloj) en determinado lugar, no encontrarlo al ir a buscarlo y tiempo después hallarlo en el sitio donde lo dejó, a pesar de haberlo revisado varias veces antes?”.

Ésta fue la pregunta que planteó el autor de este artículo, el psicólogo argentino Alejandro Parra, a un grupo de 560 estudiantes de Psicología. Los resultados de la encuesta mostraron que el 46% de los participantes había protagonizado jotts varias veces y que las mujeres tenían más experiencias de este tipo que los hombres (11% y 9%, respectivamente). También pusieron de relieve que mientras el 48% de los sujetos consideraba inexplicable este tipo de experiencias, el 47% creía que podían tener una explicación. Solo el 5% se manifestó a favor de una interpretación paranormal del fenómeno.



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Ingeniería Genética: La granja del Dr Frankenstein.



Vacas con el doble de su masa muscular, un súper salmón que puede crecer en su primer año de vida cuatro veces más de su talla normal, gallinas sin una sola pluma, conejos que resplandecen en la oscuridad ya que tienen genes de medusa, o el "arroz de oro", que gracias a una bacteria y los genes del narciso es capaz de producir beta caroteno, uno de los elementos básicos de la vitamina A.

Éstos son algunos de los seres vivos que el documental reúne en una granja de ficción poblada solamente por plantas y animales que han sido objeto de alguna forma de manipulación
genética.


El documental, conducido por la científica Olivia Judson y el nutricionista Giles Coren, guía a los espectadores por está granja virtual con el fin de explorar los principios científicos y morales que hay detrás de las ciencia moderna.

Con los conocimientos actuales de la genética los científicos sólo están limitados por su imaginación...
Las posibilidades son infinitas.


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sábado, 7 de febrero de 2015

Vaitheeswaran Koil. Un lugar en la India donde unos astrólogos dicen tener escrito el destino de cada uno de los habitantes de la Tierra.



Anoche estaba viendo un documental cuando algo me llamó la atención. Un lugar en la India donde unos astrólogos dicen tener escrito el destino de cada uno de los habitantes de la Tierra.
Qué habrá de cierto en toda esta historia? No lo sé, pero es una de esas cosas que no puedes dejar pasar por alto sin prestarle unos minutos de atención.

Esta es la historia...

En el sur de la India hay un pueblo diminuto en el que poco menos de 8000 habitantes moran sus 3 únicas calles y visitan el único templo que tienen.
Poseen un tesoro de fama mundial, una tradición inquietante materializada en una serie de librerías en las que se guardan como un tesoro las "plamyras", unas tablillas hechas de corazón de palma en las que hace mas de 2000 años 7 sabios escribieron las vidas de todas las personas de la Tierra.









1.200 años después, descubrieron las palmas en un templo en la ciudad de Vaithiswarankoil, el epicentro de la astrología en el sur de la India. Este es el hogar de los lectores de Nadis (vocablo que significa destino, misión, obligación...) los astrólogos residentes que desde hace 600 años emplean los mismos escritos en sánscrito para revelar el pasado y el futuro.


Cada año miles de personas viajan a Vaithiswarankoil para que le lean sus palmas, pero sólo los elegidos verán todo el proceso. Utilizando la huella del pulgar como guia, los lectores de Nadis escudriñan millones de hojas buscando las que fueron escritas para el hace 2000 años.




Para llegar a Vaithiswarankoi hay que coger un tren hasta Chidambaram y a partir de ahí, en taxi. Una vez allí, es imposible perderse, son tres calles las que alberga esa pequeña ciudad y su famoso templo está en una de ellas.




Los escritos cifrados se traducen en poemas y se cantan como se ha hecho durante cientos de años.
El proceso de lectura suele durar 1h. Las lecturas dicen que son el resultado de una ferviente oración y devoción dedicada al dios hindú Shiva, que otorgó clarividencia a los sabios iluminados del grupo esotérico de Siddas. Los hindúes llaman a esta clarividencia, el sexto sentido de la percepción extrasensorial.



Los lectores de Nadis han visto en ellas que dentro de 100 años todas las hojas se volverán negras y no volverán a leerse nunca. Significará esto el final de los tiempos? Hasta ese fatídico dia, Vaithiswarankoil seguirá siendo un lugar en el que actúan fuerzas misteriosas.

 


Y tu? Viajarías miles de kilómetros para conocer que te depara el destino?

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jueves, 5 de febrero de 2015

El origen Templario del juego de La Oca.


Los hasta ahora inciertos orígenes del Juego de la Oca y todo lo esotérico que lo envuelve, lo relaciona con El Camino de Santiago, El Camino de las Ocas, los Templarios e incluso con María Magdalena.


El primitivo Juego de la Oca o Disco de Festos

El descubrimiento del Disco de Festos en 1908, en las ruinas del Palacio de Creta (Grecia), abrió una nueva línea de investigación sobre los orígenes del juego. El disco de Festos, pertenece al período Minoico Medio III y por ello su antigüedad debe estar comprendida el intervalo de 1580 a 1700 a. C.
El disco de Festos realizado en arcilla, circular y de unos 16 cm de diámetro y 2.1 de espesor.
Hay 61 "palabras", 31 en el lado A y 30 en el lado B, numeradas A1 a A31 y B1 a B30, respectivamente, de afuera hacia adentro. En ellas aparecen diversos dibujos entre los cuales podremos apreciar la figura de 8 pájaros que parecen Ocas. La inscripción fue realizada mediante presión de sellos jeroglíficos "prefabricados" sobre la arcilla blanda, en una secuencia en espiral hacia el centro del disco. Este fue luego cocido a alta temperatura.
Aproximadamente 10 signos del disco son similares a signos de la escritura lineal. Por esa razón, otros especialistas le atribuyen un origen no cretense. Por ejemplo, según la teoría "protojónica", el disco sería la obra de un pueblo cicládico.



                         


                                                                    Disco de Festos





Los jeroglíficos representan:
Personajes: Hombres, mujeres y niños de cuerpo, cabezas desnudas y con cascos.
Animales: Peces, aves.
Plantas: Flores, espigas
Objetos diversos: Recipientes, armas, barcos...


Origen Templario del Juego de la Oca

En otras investigaciones se le atribuye su origen a los Templarios. Se dice que estos usaban en sus ratos de ocio en Jerusalén, las conchas del "Nautilus", al que asignarían aparte del componente lúdico, un mensaje criptográfico, que solo algunos miembros de la Orden eran capaces de descifrar.
La concha del Nautilus cuenta con 63 espacios. Puede que sean el origen del Tablero, o sea, las casillas que tiene el juego.
La Orden de los Caballeros Templarios, conocida también como la Orden del Temple, fue una orden militar cristiana fundada en 1119, en plena época de cruzadas en la Edad Media, y que tenía por fin proteger la vida de los peregrinos cristianos así como de los caminos que viajaban hasta Tierra Santa, conquistada por los cristianos tras la primera cruzada.
Esta labor de custodia, se extendió al Camino de Santiago, por entonces, aun en manos de los musulmanes, en muchos de sus tramos en la Península Ibérica.
Si preguntasemos a algún investigador o conocedor de las Reglas de la Orden del Temple, nos dirá que esto no es posible, pues las Reglas de la Orden prohibían los Juegos de: Dados y Ajedrez.
El Juego de la Oca no era un Juego para los Templarios, sino la Guía del Camino de Santiago de Ida y Vuelta. Guía que se encontraba encriptada, basada en los Marcadores o Carteles anunciadores que los Maestros Constructores dejaban en las Catedrales, Castillos, Monumentos, Puentes, Cementerios...
Estas inscripciones se hallaban en en el Alfabeto de los Templarios y usando criptografía.
Se ha descubierto la Guía del Camino de Santiago, ahora quedaría localizar los carteles.
El Juego de la Oca, es un mapa cifrado del Camino de Santiago, donde los Templarios marcaban los lugares, que tenían un determinado significado.
Un jeroglífico donde los símbolos eran conocidos, dandole un entendimiento a todos los caballeros de la Orden, independientemente del idioma de cada uno.
En otras palabras, el Juego de la Oca, era la Guía del Camino de Santiago de Ida y vuelta.


Cómo reconocer los sitios indicados en la Guía

Los Templarios eran guerreros y monges. Compartían los mensajes ocultos con el gremio de Compañeros Constructores.
Construían las catedrales y monumentos en los que dejaban símbolos que reconocerían los Templarios y en las que marcaban las ubicaciones que figuraban en el Juego de la Oca.


Origen Probable del juego de la Oca

Lo mas probable, es que el Disco de Festos, no se corresponda, ni sea el origen del Juego de la Oca, pero quizás otros discos o juegos conocidos por los Templarios en Tierra Santa, fuesen el embrión, sobre el que los Templarios desarrollaron un Juego y Guía Jeroglífica.
Los Símbolos eran vulgares. Esto permitía un rápido conocimiento entre la población, que no necesitaba conocer el significado oculto.
El Tablero, era de fácil representación, fácil geometría, fácil de situar, orientado, direccionable, ordenado y métrico.
Habida cuenta que era un juego, no es de extrañar que otras ordenes Religioso-Militares, como los Hospitalarios o Caballeros Teutones, contribuyesen a la difusión del juego en el área geográfica de influencia, pero sin en el componente criptográfico-esotérico.


Origen de la expansión lúdica del Juego de la Oca

La invención del juego de la Oca, es anterior al siglo XI, pero cuando alcanzó una verdadera eclosión como juego, fue durante el reinado de Emperador español Felipe II.
El mecenas italiano, Francisco de Médicis, regaló a Felipe II, un Tablero y dados del juego. Los ociosos cortesanos y cortesanas, pronto empezaron a matar el aburrimiento con tan divertido juego.
En ese momento, Madrid, era la capital del Imperio donde “no se ponía el Sol” y todos los gobernantes mundiales, aceptaban y difundían nuestros gustos y modas.
El Juego de la Oca, sustituyo prácticamente al Ajedrez en las Cortes Europeas, siendo un preciado regalo .
Cada etapa del Camino, esta marcada por una casilla del Juego de la Oca.
El Camino a Santiago ha tenido en cuenta en el diseño de las etapas del Camino, la relación entre Casillas y Etapas, que desvela el juego de la oca



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