-Mira como controlo tu mente. ¡No leas este artículo!-
Que la televisión produce adicción es un hecho que cualquiera pueda
constatar, bien fijándose en el efecto balsámico que produce al sentar
frente a ella a un grupo de niños inquietos o al sentarse uno mismo en
el salón de casa y pasar absorto, durante una cantidad indeterminada de
tiempo, viendo todo lo que esta caja mágica escupe sin mover una
pestaña durante horas.
La televisión es un opiáceo adictivo. Altamente
peligroso y se puede definir como uno de los dispositivos de control
mental de masas más potentes jamás creados. Y te voy a dar las
evidencias neurológicas que lo confirman.
Un comportamiento que nos produzca experiencias placenteras y que
requiera poco o ningún esfuerzo, es un comportamiento que repetiremos
sistemáticamente. Tendemos a repetir esta experiencia una y otra vez. Es
un patrón de comportamiento al que los psicólogos denominan “refuerzo
positivo”. Y es lo que técnicamente se llama “adicción” y en este
sentido la televisión entra por la puerta grande en la categoría de
“agente adictivo”.
¿Cuál es la función de cada uno de los hemisferios del cerebro?.
El hemisferio izquierdo de nuestro cerebro, el dominante en la
mayoría de los individuos, es la mitad más compleja de nuestro cerebro y
es donde se encuentra la capacidad verbal, la lingüística y la
comprensión del lenguaje, así como la capacidad para leer, hablar y
escribir. Además de estas funciones, en el hemisferio izquierdo se
encuentran la capacidad de análisis, la capacidad de hacer razonamientos
lógicos, las abstracciones, la capacidad para resolver problemas,
analizar y aprender información teórica, hacer deducciones… en fin,
mientras estás leyendo esto estás haciendo un uso intensivo de tu
hemisferio izquierdo del cerebro.
El hemisferio derecho es el que controla toda nuestra actividad no
verbal. En esta parte del cerebro se encuentran la orientación espacial,
la conducta emocional, la intuición, la capacidad de recordar y
reconocer caras, voces, melodías… el hemisferio derecho piensa y
recuerda en imágenes. Se ha demostrado, a través de múltiples estudios,
que las personas cuyo hemisferio derecho es el dominante, aprenden y
recuerdan con imágenes y suelen ser muy creativas, con una imaginación
muy desarrollada.
¿Qué sucede en nuestro cerebro mientras vemos la televisión?.
Según han demostrado diversos experimentos, nuestro cerebro
intercambia actividad de su hemisferio izquierdo al hemisferio derecho.
De hecho, mientras vemos la televisión, la actividad del hemisferio
derecho puede llegar a duplicar a la del izquierdo, lo cual es una
anormalidad neurológica en toda regla.
El intercambio de actividad de un hemisferio a otro produce una
reacción química en nuestro organismo, provocando la liberación del
opiáceo natural de nuestro organismo, la endorfina, que contienen
beta-endorfina y encefalina. La endorfina es estructuralmente idéntica
al opio y sus derivados, como la morfina, codeína, heroína…).
Las actividades que producen la liberación de endorfina a nuestro
organismo crean dependencia, nos habituamos a ellas porque nos gustan.
Son muchas estas actividades, como los deportes extremos o agotadores,
el orgasmo… Los opiáceos externos, las drogas que podemos consumir,
actúan sobre los mismos receptores que las endorfinas, con lo cual, en
cuanto al efecto que surten éstas en nuestro organismo, en comparación
con el que crea otro opiáceo, no hay prácticamente ninguna diferencia.
(Ojo: no confundamos el efecto de placer con las consecuencias que tiene el consumo de drogas!).
De hecho se ha demostrado que los televidentes, incluso los
ocasionales, sufren una suerte de síndrome de abstinencia si dejan de
ver la televisión durante un periodo prolongado.
En 1975, en Suráfrica, se llevó a cabo un experimento en el que se
propuso a una serie de indidividuos de distintos niveles
socioeconómicos, el dejar de ver las televisión durante un mes. La
familia más pobre se rindió a la semana de dar comienzo el experimento.
Las familias más adineradas tuvieron los síntomas de una depresión.
En otro experimento similar que tuvo lugar en la desaparecida
Alemania del Este se sometieron 182 voluntarios a un experimento
similar. En esta ocasión debían permanecer sin ver la televisión durante
un año, con el incentivo añadido de recibir un premio en metálico si
eran capaces de dejar el hábito. Ninguno de los participantes superó el
reto durante más de seis meses. Todos ellos mostraron los síntomas
propios de un síndrome de abstinencia (ansiedad, frustración y
depresión).
La televisión funciona como un sistema de drogadicción tecnológico.
Pero, aún sabiendo que vemos demasiadas horas de televisión, seguimos
haciéndolo, a pesar de saber que no es bueno en absoluto para nuestra
salud. Al igual que un fumador, un alcohólico o un adicto a cualquier
otra droga. Pero, ¿puede llegar la adicción, socialmente aceptada, a la
televisión, ser tan destructiva como otras drogas?. La respuesta que nos
da la ciencia moderna es sí.
La televisión es una droga altamente destructiva.
Y aquí viene la explicación: cuando estamos viendo la televisión las
regiones superiores del cerebro, como el neocortex, se apagan,
literalmente, y la mayor parte de la actividad se traslada a las zonas
más bajas del cerebro, como el sistema límbico. Los procesos neuronales
que tienen lugar en esas áreas de nuestro cerebro no son, empleando el
lenguaje con precisión, cognitivas.
Estas áreas de nuestro cerebro, la parte inferior, sencillamente reacciona al entorno de una forma que
podríamos denominar casi instintiva. No distinguen la realidad de lo que
serían imágenes prefabricadas, con lo que reacciona ante el contenido
de la televisión como si fueran imágenes reales, liberando las hormonas
adecuadas. Ciertos estudios indican que la falta de actividad en las
regiones superiores del cerebro pueden conducir a la atrofia de ésta,
por exceso de uso de las áreas inferiores.
En este circuíto primario, en el sistema límbico, donde recibimos nuestra primera huella neurológica, la que
nos motiva a avanzar hacia algo cálido, placentero, protector. Es donde
se encuentra el circuito que nos impulsa a sobrevivir, el más infantil.
La forma más prim aria de relacionarnos con la realidad y nuestro
entorno.
La televisión te hipnotiza. es una poderosísima herramienta de control mental
El ver televisión adormece nuestro hemisferio izquierdo y delega en
el derecho todas las tareas cognitivas, que no le corresponden. Esto
explica las consecuencias, por otra parte devastadoras, que tiene el
consumo de televisión en el desarrollo y salud del cerebro. El
hemisferio derecho trata los datos que recibe sin analizarlos ni
criticarlos. No descodifica ni divide la información en sus distintos
componentes. recibe todos los datos en bruto y no los procesa por
partes.
Lo cual conduce a reacciones emocionales más que a respuestas
inteligentes o razonadas. No podemos atender racionalmente al contenido
que se nos ofrece a través de la televisión ya que la parte racional de
nuestro cerebro está fundamentalmente inspirativa mientras lo hacemos.
Por tanto no sorprende el resultado de la investigación llevada a cabo
por Jacob Jacoby de la que se extraía la conclusión de que raramente se
comprende el contenido que se ha visto a través de la televisión. Jacoby
se encontró con que de entre 2.700 personas entre las que elaboró su
estudio, el 90% habían entendió mal (o nada) de lo visto tan sólo
minutos después de haberlo visto.
Para que un cerebro pueda llegar a comprender o comunicar
significados complejos, éste debe hallarse en una suerte de
“desequilibrio caótico” . esto significa que debe existir un flujo
dinámico de información ente todas las regiones del cerebro, lo cual
facilita la comprensión en niveles mucho más altos, rompiendo los
umbrales conceptuales, de modo que nos conduzca a la formación de ideas
más complejas. estos niveles de actividad cerebral caótica se producen
durante el desarrollo de tareas que desafían a nuestra inteligencia,
tales como leer, escribir, solucionar problemas matemáticos. Este tipo
de actividad no se da mientras estamos viendo la televisión.
La televisión es dañina para la autoestima.
Por si fuesen pocos los devastadores efectos neurológicos derivados
del consumo de televisión, además daña, como lo demuestran diversos
estudios, el sentido de la autoestima, la percepción respecto a nuestro
entorno y sobre nuestra salud física. El 75% de las mujeres creen tener
sobrepeso como resultado del modelo que creen correcto tras ver a
modelos y actrices esculturales en televisión. Lo mismo sucede con
hombres y por supuesto con niños y adolescentes que encuentran, a través
de la televisión, el modelo de individuo que se intensifica como el
adecuado y al que aspiran parecerse.
Y no sólo eso. La televisión ha extendido la cultura del miedo,
poniendo de manifiesto los efectos del sensacionalismo habitual tanto en
programas de ficción como en noticiarios de todo tipo, sobre nuestro
sistema límbico. Y no es de extrañar, debido a que mientras vemos
televisión no distinguimos, subconscientemente, la realidad de la
ficción y empatizamos con las situaciones que estamos viendo.
Entre los adictos a la televisión se dan cuadros de obesidad, falta de sueño y atrofia del desarrollo sensorial.
Mientras cualquier otra droga se identifica como una amenaza para el
conjunto de la sociedad, la televisión se acepta con naturalidad. Se
considera esencial para el correcto mantenimiento de las estructuras
sociales. La televisión crea un auténtico lavado de cerebro e impulsa al
televidente al consumo. El televidente es hipnotizado, literalmente,
mediante el empleo de sutiles técnicas que, junto a los efectos
naturales de la televisión sobre las ondas cerebrales lo convierte en
una víctima del sistema de ingeniería psicológica más ambicioso jamás
conocido.
El psicólogo
Thomas Mulholland descubrió que tras 30
segundos viendo televisión el cerebro comienza a producir ondas Alfa,
lo que indica niveles de actividad de letargo, lo más parecido a un
estado comatoso. Sus investigaciones demostraron que ver televisión es,
neurológicamente hablando, lo más parecido a estar mirando una pared
vacía.
El objetivo de la hipnosis es inducir estados de baja actividad
cerebral. Las ondas Alfa están presentes durante el estado de ligera
hipnosis empleado por los hipnoterappeutas en terapias de sugestión.
La publicación de los resultados de la investigación de
Mullholland
abrió los ojos a los expertos den marketing y publicidad, quienes de
inmediato se dieron cuenta de que su audiencia entra en una especie de
trance mientras están viendo la televisión. A partir de ese momento se
empezaron a diseñar piezas publicitarias orientadas a producir
respuestas emocionales inconscientes en su audiencia. De hecho el
objetivo de un anuncio publicitario es apelar a la parte emocional, no a
la racional de su público.
La televisión, un dispositivo adictivo e hipnótico. ¿Qué más puede
pedir un gobierno o una gran corporación?. Nadie es inmune. No es una
cuestión de inteligencia o nivel cultural. Nadie puede escapar de sus
efectos.
Somos zombis, y lo sabemos.
Os dejamos un documental muy interesante.
El autor y animador radial Alan Watt, profundo investigador de las
tácticas psicológicas utilizadas por el Nuevo Orden Mundial, explica en
detalle cómo la población mundial es controlada por la élite intelectual
mediante una serie de crisis fabricadas y el uso abrupto de
revoluciones culturales, políticas, sexuales o musicales, para poder
manipular el comportamiento humano y obtener un resultado deseado.
Para saber mucho más y mejor:
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