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sábado, 31 de octubre de 2015

Claves de la escritura sagrada, Jeroglíficos


Aunque al principio la escritura jeroglífica era un sistema ideográfico, en el que cada signo representaba visualmente un objeto, con el tiempo se desarrollaron métodos para representar palabras de forma parecida a los alfabetos modernos.

La lengua egipcia apareció por primera vez por escrito en torno al año 3300 a.C. y se desarrolló de forma continua como lengua viva hasta el siglo XIV d.C. A lo largo de esos más de cuatro milenios, el idioma experimentó una profunda evolución, de modo que entre el egipcio medio –la fase de la lengua en la que se escribió el famoso Cuento de Sinuhé– y el copto podría haber tanta distancia como entre el latín y el castellano.

Además, en las distintas regiones de Egipto se hablaban diferentes dialectos de la lengua egipcia, con lo que, por ejemplo, era habitual que un habitante del Delta tuviera dificultades para entender a otro de Elefantina.


Frente a esta notable transformación de la lengua hablada, la escritura jeroglífica da una impresión de inmutabilidad, de una escritura sagrada que se habría mantenido invariable durante siglos. Se trata, sin embargo, de una impresión engañosa, pues a lo largo de la historia egipcia no sólo hubo distintos sistemas de escritura, además de los jeroglíficos, sino que éstos evolucionaron de modo diferente, incluso en la época de dominio griego. Aun así, algunos principios básicos de la escritura jeroglífica se mantuvieron siempre vigentes.

Los jeroglíficos se basaron casi siempre en la representación de elementos de la realidad de los antiguos egipcios, desde seres humanos y animales hasta objetos celestes, plantas, utensilios diversos o todo tipo de construcciones. Estos signos fueron utilizados en un inicio como logogramas, es decir, signos cuyo significado es el elemento que representan. El concepto «casa» se escribía mediante el plano esquemático de una vivienda de una habitación, y la palabra «cara», con una cabeza humana mostrando el rostro de frente. En estos casos un pequeño trazo vertical se situaba detrás o debajo del signo para indicar que éste estaba siendo usado al modo de un logograma.



No obstante, pese al gran número de jeroglíficos que los egipcios llegaron a crear –unos 750 en la época clásica de la lengua egipcia–, era imposible que hubiera uno para cada
elemento de la realidad. Además, existían conceptos abstractos que no podían representarse directamente de forma gráfica. Era necesario, pues, encontrar un método para expresar nuevos significados con los signos jeroglíficos ya existentes.

Uno de ellos consistió en utilizar los signos de forma simbólica para referirse a conceptos relacionados con el elemento representado. Por ejemplo, el signo que representa las banderolas situadas en los pilonos –puertas de entrada monumentales– de los templos pasó a designar el concepto de dios, dado que en los templos se guardaba la estatua de la divinidad. Otro caso es el signo del sol; como logograma designaba directamente el astro rey, pero podía también emplearse simbólicamente para indicar conceptos vinculados al tiempo, como «día», a partir de la idea de que el sol, en su movimiento por el cielo, marca el paso del tiempo.

Como este método todavía era insuficiente, los egipcios terminaron por desarrollar un sistema de escritura fonética, en el que los signos representaban los sonidos o fonemas de la palabra tal como se pronunciaba en lengua egipcia. Para ello tomaron como punto de partida los jeroglíficos ya existentes, que empezaron a utilizar de modo parecido a las letras de nuestro alfabeto. Por ejemplo, el signo que representa un antílope y que se pronunciaba jw, fue utilizado para escribir palabras en las que apareciesen los sonidos jw, aunque no tuvieran nada que ver con el significado original de «antílope»; es el caso de jwa.wt, que significa «herencia».


En algunos casos, los jeroglíficos representaban un único sonido fonema. Por ejemplo, «vientre» en egipcio se pronunciaba khet, por lo que para representar un sonido similar a la «j» se empleó un signo que representa la zona del vientre de una vaca, con las ubres y la cola.
Este método de escritura fonética tenía el inconveniente de que había palabras que se escribían igual y que podían confundirse. Para sortear este riesgo los egipcios desarrollaron un ingenioso procedimiento, que consistía en incluir al final de cada palabra un signo para indicar a qué clase de objetos correspondía y distinguirla de esta manera de otras palabras de igual ortografía. Estos signos son los llamados determinativos.

Gracias a los determinativos se podía saber que la palabra en cuestión correspondía, por ejemplo, a un tipo de planta concreta, como se ve en los términos jaq.t «puerros», o tjit «tomillo». Los mamíferos cuadrúpedos se indicaban con un determinativo consistente en una piel de animal y su cola; así se designaba una pantera, aby, un chacal wenesh, o un gato miw. Para identificar los términos abstractos se usaba un determinativo en forma de rollo de papiro sellado, ya que el papiro se asociaba con el pensamiento conceptual. De este modo, el verbo «escribir» se formaba con el signo de la paleta del escriba más el determinativo que indica que se trata de un concepto abstracto. En cambio, el «escriba» se designaba con el mismo signo de la paleta, pero con el determinativo de un hombre sentado, para indicar que era un oficio.



Las palabras podían contar con más de un determinativo, y durante el Imperio Nuevo el número de determinativos empleados en cada palabra se multiplicó. Dado que los jeroglíficos se escribían de forma continua, sin espacios entre las palabras, los determinativos cumplían también otra función no menos importante: la de ayudar a localizar fácilmente el final de cada término.

Puede decirse, pues, que la escritura jeroglífica consistía en una combinación de signos de distintos tipos: logográficos, fonéticos y determinativos. Esto puede ilustrarse en un nuevo ejemplo, el del verbo «salir», pronunciado en egipcio per y que se escribía con dos signos. El primero, como vimos arriba, representa el plano esquemático de una casa, y aquí está utilizado de forma fonética, por lo que representa las consonantes «p» y «r» (hay que recordar que, en la escritura jeroglífica, las vocales no se escribían: las «e» que aparecen entre las consonantes son una convención adoptada por los egiptólogos para poder leer con mayor facilidad las palabras). Va seguido del signo de la boca, que corresponde a la consonante «r»; se trata de un «complemento fonético» cuya función es facilitar la lectura del signo anterior.


Los jeroglíficos, pues, más allá de su cautivador efecto estético, se convirtieron en un sistema perfectamente desarrollado de escritura; «un sistema complejo –escribió Champollion, el primero en descifrarlos–, una escritura que es a la vez figurativa, simbólica y fonética en un mismo texto, en una misma frase y, debería decir, casi en una misma palabra».


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sábado, 6 de junio de 2015

La Historia Imperfecta, introducción a la Arqueología alternativa.



Qué pensaría si le dijeran que la teoría de la evolución enunciada por Darwin nunca ha sido demostrada con pruebas concluyentes? 
Que seres extraterrestres manipularon a ciertos homínidos mediante ingeniería genética para obtener un ser humano avanzado a su imagen y semejanza?



Que el continente americano ya estaba poblado por seres humanos hace 250000 años según ciertos restos arqueológicos. 
Que la gran pirámide de Giza no fue construida por los egipcios de tiempos faraónicos y que tampoco era tumba. 
Que una tribu africana, los Dogón, poseía desde tiempos remotos un conocimiento astronómico exacto de un grupo de estrellas que no fue reconocido hasta bien entrado el siglo XX. 
Que existen varios mapas antiguos que indican la posibilidad de que la tierra fuera cartografiada con precisión en tiempos prehistóricos?




No existe una única historia, sino diferentes versiones e interpretaciones sobre unos mismos hechos. Cada una de estas teorías cuentan con arqueólogos e historiadores que las defienden con argumentos, a veces sólidos, a veces no tanto. Pero todos sabemos que la ciencia institucionalizada siempre ha servido al poder. Aún así, casi siempre, nos acabamos creyendo lo que dicen los expertos porque se supone que ellos son los que mas se acercan a la verdad pero...    
¿Es así?... 
En todo caso reclamamos el derecho a la duda y el derecho al propio criterio, de poder investigar y opinar. 

Os dejamos el interesante documental:
La Historia Imperfecta, introducción a la Arqueología alternativa.





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domingo, 17 de mayo de 2015

Ankh. La Cruz Egipcia, Cruz de la Vida.


... Cuenta la vieja tradición egipcia que los dioses otorgaron este amuleto a los seres humanos para que pudieran ser felices y disfrutaran de salud en la tierra, y también, al finalizar su vida terrenal, siguieran su existencia en el más allá durante la eternidad.


El Ankh, el también conocido como la cruz de la vida o cruz egipcia, es un antiquísimo símbolo egipcio que apareció en las escrituras egipcias que representa la vida.
La cruz con una elipsis en la parte superior con forma de asa, es una representación de la ascensión del espíritu (la vida en el más allá), sobre el plano de lo material en el que vivimos (el travesaño horizontal).



Se le vincula con Isis, pero el Ankh es un atributo de los Dioses. Estos salen portándolo y en algunas ocasiones, incluso dos.
En estas representaciones, el Ankh es sostenido por el asa, llevada a modo de lazo o cogido por la parte vertical (uno a cada mano) y cruzado sobre el pecho. Como todos los atributos divinos, también era frecuente que los emperadores, emperatrices y príncipes fueran ataviados en las obras de arte egipcias con un ankh o recibiendo uno de una divinidad.



Aún hoy en día, el significado del Ankh para los antiguos egipcios sigue siendo un misterio. Se le asocian muchas teorías e interpretaciones. Para unos representa un útero, la fecundación de la Tierra, lo femenino, el Sexo y la fertilidad. Donde el sexo femenino sería representado por el óvalo y el masculino por la línea vertical, mientras que para otros, el lazo de una sandalia, el amanecer con el sol (la mayor divinidad egipcia, Ra), levantándose sobre el horizonte.

Es muy común encontrarlos en tumbas, esculturas y pinturas egipcias, como las imágenes en las que se representan las deidades del más allá que con él en los extremos de sus dedos confieren a la momia del fallecido el don de la vida eterna. Este se usaba también como amuleto bien sólo o acompañado de otros jeroglíficos como símbolos de fuerza y salud. Además se han encontrado espejos construidos con esta a forma.



El Ankh fue uno de los primeros símbolos de la cruz (crucifijos) empleado por el cristianismo (egipcio principalmente), reconociendo así el vínculo anterior del cristianismo con las religiones y las creencias de Egipto, en un símbolo que representaba la esperanza y la fe en una vida futura y la resurrección. La cruz con asa también ha pasado a la iconografía cristiana rebautizada como Cruz Ansada o Cruz de San Antonio, también como símbolo de vida eterna.



Una versión modificada del símbolo del Ankh representa en astrología el mismo símbolo se emplea para representar el planeta y Diosa romana Venus, en alquimia para designar el cobre y también se asocia al género femenino. Es llamado espejo de Venus, al estar relacionado con el útero.
En astrología el mismo símbolo se emplea para representar el planeta Venus, en biología para hacer referencia al sexo femenino y en alquimia.


El enigmático Egipto.



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jueves, 16 de abril de 2015

8º Programa Mundo del Misterio Radio "El enigmático Egipto"



Próximo sábado 9 de mayo!

8º programa Mundo del Misterio Radio, especial Egipto.
En esta ocasión vamos a hablar sobre uno de los temas mas apasionantes, Egipto. Historia, arqueología, misterio...

Sabías que El Cairo una vez en el tiempo significó Marte?
Hablaremos con el Egiptólogo Mohamed Abdul que nos contará muchas cosas interesantes sobre este increíble país llamado Egipto, su cultura y su historia.
Cómo era la medicina en el antiguo Egipto? Qué son las pirámides? Bombillas y helicópteros en templos antiguos?

De todo ésto y mucho más hablaremos en esta nueva aventura.
Durante la emisión del programa estaremos en el grupo comentando, debatiendo y colgando la información de la que estemos hablando.


Nos podrás escuchar a través de:
http://www.lndaradio.es/

También en:
http://www.lndaradio.com/

O desde tu smartphone con la aplicación Tunein:
http://tunein.com/radio/LNDA-RADIO-s231965/

Os esperamos a todos el próximo sábado 9 de mayo!
Horario:
España- 23h
Centro América- 15h
Argentina- 18h




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viernes, 27 de febrero de 2015

Napoleón en Egipto.

En 1798, al llegar Napoleón con su expedición a Egipto, esto hizo que hubiera un punto de inflexión en la historia.
Mientras que Oriente estaba en estado pasivo durante siglos, Occidente estaba hiperactivo. justo lo contrario que había sucedido en el período de las Cruzadas, donde una Europa paralizada por la religión y el obscurantismo en la Edad Media, se enfrentaba  a un Oriente de luces y en agresiva expansión.

Historiadores han señalado cómo la Batalla de las Pirámides fue un choque estableciendo la superioridad armamentística y de táctica militar occidentales sobre las orientales, pero una semana antes Bonaparte ya había luchado una batalla transcendental con los Mamelucos al norte de El Cairo. Es  allí donde se detectaron las características y debilidades de su oponente antes  de asestar el golpe final.



Napoleón en África 



En gran corso en busca de su destino

 

A mediados del verano de ese mismo año, Napoleón estaba en el norte de África, y ¿por qué?...
Eran un cúmulo de varios factores. Por una parte tenía como objetivo el bloquear la ruta comercial que mas interés económico proporcionaba a Inglaterra, enemiga de Francia en la época: la ruta con la India.
Además pretendía formar una colonia francesa, inexistente hasta entonces en la región, llevó a 167
de los mejores científicos y eruditos de Francia, para que allí estudiaran la cultura del Antiguo Egipto.


La Esfinge


Otro motivo es que esta vez pretendida por el gobierno francés post Revolución Francesa o Directorio, alejar de París a un joven poderoso general Napoleón, victorioso en las campañas italianas con Austria, la cual  apuntaba ya las máximas ambiciones.

Algunos dicen que Bonaparte sentía especial admiración hacia  Alejandro Magno, como tantos otros en la Historia, y quizá hubo una componente de emulación en la invasión de Egipto. En 332 a.c. Alejandro Magno era recibido en Egipto como liberador de los persas, contaba con 24 años de edad. Napoleón, con 28, podía alcanzar a Alejandro Magno si se daba prisa, y conquistar Egipto, Jerusalem y Siria. Incluso podría llegar a Constantinopla y la India. Una vez establecida una base fuerte  en Egipto, Napoleón había escrito previamente al Directorio exponiendo que Francia podía dominar el Mediterráneo con poca oposición por parte del decadente Imperio Otomano: “ocupemos Egipto, y tendríamos una ruta directa a la India”.

Para ocupar Egipto había que vencer a la casta que lo gobernaba durante siglos: los Mamelucos. Se trataba de una clase guerrera que vivía en tierras egipcias con grandes lujos e independencia del Imperio Otomano desde el siglo XIII, antes incluso de la existencia del propio imperio.
Mameluco significa  en árabe “hombre comprado” y de hecho, estos hombres eran comprados de niños a familias cristianas de varias partes de Asia (básicamente el Cáucaso) para ser educados como musulmanes. Se les entrenó durante siglos como guerreros del Imperio Otomano, de los más feroces y cualificados. En el siglo XVIII seguían disfrutando de una autonomía casi completa del imperio. No pagaban tributos, y seguían una política totalmente independiente. Cuando llegó Napoleón con su ejército de 30.000 franceses, los mamelucos no eran más de 10.000.


Mourad Bey


Los Mamelucos tenían dos gobernantes en aquella época: Ibrahim Bey y Mourad Bey, el primero asentado en El Cairo, el segundo en Giza. Ambos eran jefes poco impresionables por las fuerzas francesas, ya que a pesar de la fama que las precedía ellos daban toda la importancia en una batalla a la caballería, y no era precisamente de lo que los franceses estaban más sobrados en Egipto.


Las pirámides como testigo, pero de lejos

 

Mientras Napoleón marchaba con su ejército de Alejandría a El Cairo, después de conquistar la primera, se encontró con las fuerzas mamelucas a 15 km de las pirámides y a sólo 4 km de El Cairo. Las pirámides se veían pues a lo lejos, en toda su majestuosidad. Bonaparte, que sabía muy bien de las artes de la propaganda, se cuidó mucho de asociar la batalla con las pirámides milenarias y les hizo referencia en su famoso discurso de inicio de la batalla: “¡Adelante soldados! Recordad que desde lo alto de las pirámides, cuarenta siglos os contemplan”.


Napoleón en las pirámides


La batalla que se desencadenó no fue nada igualada: por un lado, 25.000 tropas francesas repartidas en 5 divisiones, perfectamente alineadas en escuadrones rectangulares, con la caballería en el centro y los cañones en la periferia, y con una potencia de fuego irresistible. Por el otro, la caballería mameluca de Murad Bey, 6.000 jinetes, apoyados por unos 15.000 infantes de muy inferior calidad. Armados con sables y lanzas, de los cuales eran maestros en su uso, apenas disponían de armas de fuego.

La caballería mameluca se lanzó a la carga contra las huestes francesas, pero fue parada en seco por toneladas de acero, disparadas con gran sincronía por los escuadrones de Napoleón. En pocas horas murieron más de 3.000 jinetes mamelucos, y el resto del ejército huyó junto con su jefe hacia el Alto Egipto. Ibrahim Bey huyó a Siria para reorganizar la resistencia, pero todo estaba perdido. Tras 700 años de dominio, los mamelucos entregaban Egipto.


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Una victoria agridulce

 

El desenlace de la conquista de Egipto no fue ni mucho menos el esperado por Napoleón, ya que pocos días después de la Batalla de las Pirámides perdió prácticamente toda su flota a manos del almirante Nelson, con lo que el ejército francés quedaba incomunicado en África. Posteriormente, Napoleón tuvo que abandonar Egipto dado que la política se estaba complicando mucho en París, y su ejército no tuvo más remedio que rendirse en pocos meses al inglés, que lo repatrió a Francia a cambio.

No obstante, la misión científica francesa fue un éxito sin precedentes, y fue la única compensación por las vidas y material perdido en las tierras de Egipto. La Descripción de Egipto, un fabuloso trabajo compuesto por 24 volúmenes repletos de descripciones de las ruinas de los templos faraónicos, bellísimas ilustraciones de prácticamente todos los aspectos de la vida en Egipto —antigüedades, edad moderna e historia natural—, etc. han maravillado a generaciones desde entonces y fueron la base de la Egiptología que todavía hace furor en el mundo.



La Descripción de Egipto


En la actualidad estas descripciones tienen un fabuloso valor ya que en menos de 200 años desde su publicación, muchos de los templos descritos han desaparecido, ya sea bajo las aguas de la presa de Asuán o bajo el pillaje, guerras, o poco respeto de la población del momento en relación a sus antepasados, que no conocen y muchas veces rechazan.

Además, un destacamento francés descubrió la famosa Piedra Rosetta, confiscada después por el ejército inglés y expuesta en el Museo Británico desde 1802, clave para descifrar los jeroglíficos egipcios que llevaban más de 1.400 años sin nadie que los supiese leer.


La Piedra Rosseta

 

Napoleón, genio y figura

Tras la célebre Batalla de las pirámides, algunos oficiales visitaron la Gran Pirámide e incluso subieron a su cima (la cima desde la que la que cuarenta siglos los contemplaban). Napoleón prefirió descansar a la sombra, pero no estuvo inactivo.

Cuando los oficiales bajaron y se reunieron con él, les explicó que había estado calculando la cantidad de piedra que formaba la pirámide. Había suficiente, dijo, para construir un muro de piedra de 3 metros de alto y 0,3 metros de grosor alrededor de toda Francia.

El grupo debió de quedarse perplejo, porque el matemático Monge, que estaba entre ellos, hizo su propia estimación, que confirmó la de Napoleón.


Napoleón Bonaparte


Otro hecho histórico poco conocido es sin duda el relativo a la noche que pasó Napoleón en solitario en el interior de la llamada “Cámara del Rey” de la pirámide de Keops (Khufu en egipcio). El hecho está suficientemente documentado históricamente. ¿Qué ocurrió la noche del 12 de agosto de 1799, por cierto, sólo a 3 días de cumplir 30 años? Napoleón sabía que tanto Alejandro Magno como Julio César habían pasado una noche en la pirámide de Keops… Probablemente, el gran corso estaba buscando su sitio en la Historia.


Cuentan los cronistas que a la mañana siguiente el general salió de las entrañas de la pirámide de Khufu demacrado y mudo. No queriendo contar nada de lo sucedido allí dentro. Nadie, ni su fiel Kebler, ni ningún otro general, supo jamás qué ocurrió aquella noche, pues Napoleón no quiso que le tomaran por loco.




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